28 d’abr. 2017

Ser un problema

SER UN PROBLEMA. Viktor Navarro Fletcher, activista trans

Estos días está teniendo lugar en Valencia la Feria del Libro, cita en la que conviven clásicos y modernos con novedades coyunturales. Hay temas que, bien por su relevancia histórica, por su rabiosa actualidad o por el bombardeo mediático, pasan a ocupar un lugar significativo en el top-ten editorial. Actualmente, uno de esos temas es la transexualidad. Tras el cambio de gobierno autonómico y municipal, los reconocimientos a colectivos y activistas, la aprobación de una ley al respecto, el despliegue de banderas desde el balcón del Ayuntamiento, o la visibilidad de grupos de familias de menores trans, se ha generado una marca política en torno a lo trans. Así, en un contexto tan favorable, es difícil dejar escapar la oportunidad de publicar un libro sobre el tema. 

El pasado 22 de abril se presentaba en la mencionada feria “Jo sóc així i això no és un problema” (“Yo soy así y eso no es un problema”), de Fani Grande. Mientras escuchaba las intervenciones de los compañeros trans que habían sido entrevistados para el libro, pensaba en lo generoso que resultaba por parte de ellos y del resto de personas colaboradoras prestar su experiencia y sus vivencias para una publicación que, muy probablemente, llegue a un público amplio. Pero tras finalizar la presentación, después de haber hablado con varias personas sobre el tema, y a pesar de no haber leído el libro, me asaltaron algunas preguntas. 

El título del libro invita a pensar. Ser “así” no es un problema ¿para quién?, ¿así cómo?, ¿a quién tenemos que explicarle que no es un problema? Las ideas complejas requieren de una elaboración compleja, y probablemente, de un lenguaje complejo que nos permita llegar a todos los rincones, cavidades y claroscuros de la cuestión. En este sentido, la narrativa que se usa para hablar de la cuestión trans tiene en muchas ocasiones un carácter asimilacionista, en tanto que su primer objetivo parece ser que es que nos entiendan, que nos conozcan un poco mejor. Que nos abran las puertas de sus casas y de sus corazones. 

¿Qué hay que entender sobre lo trans? ¿Quién nos tiene que entender? ¿Para quién es un problema entender o no entender? En mi opinión, cada vez que nos explota en la cara un caso de transfobia, no creo que debamos buscar la raíz en el nivel de conocimiento de la temática trans, sino en los modelos de masculinidad y feminidad en los que se ha socializado quien agrede o consiente, y su nivel de complicidad con los mismos. 

A las personas trans parece que nos toca vivir dando gracias cada vez que la normatividad nos reconoce. “Esto no es un problema”. Bueno, es que a lo mejor sí debería serlo. Debería ser un problema para el sistema de género, binario, sexista y heterocentrado. Nos debería obligar a preguntarnos (con especial ahínco si no sois trans) por qué hay quién cabe y hay quién no cabe en la norma, y qué responsabilidad tenemos cada persona al respecto. ¿Es la normatividad una aspiración política legítima cuando la normatividad nos ha causado tanto sufrimiento, tanta frustración y tanta angustia a las personas trans?

Pero, ¿qué es normatividad? Normatividad es tener que ser siempre la representación más pura, más ideal, del lugar en el que queremos que se nos reconozca. Normatividad es siempre tener que elegir. Tener que elegir para que te puedan validar. Para que te puedan asimilar. Quizás no tenemos que ser normales. Quizás tenemos que ser el dedo en el ojo de la normalidad. Desde lo trans, creo que debemos diferenciar cuáles son nuestras estrategias de convivencia (o supervivencia) en la normatividad, y cuáles son nuestras estrategias de superación política de la normatividad. En este sentido, nos queda mucho por debatir y mucho por recorrer. ¿La vida que merece la pena ser vivida cabe dentro de la norma? ¿Puede existir vida vivible fuera de ella? 

La apuesta política por lo normal puede ser, para mucha gente, limitante y asfixiante. Y sin duda lo es para las personas trans. Por definición, es incompatible con cualquier manifestación de vida que revele las limitaciones de la propia norma. Renunciar a la ruptura en favor de la asimilación, renunciar a ser un problema, renunciar a ser incómodxs, es renunciar a abordar cualquier posibilidad de superación de la normatividad como sistema y como único imaginario posible para pensarnos como personas trans. Pero, como sociedad, ¿somos capaces de crear el espacio para pensar y materializar esas otras vidas posibles?